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viernes, 14 de agosto de 2026

Maribel "El Correo - Cartera Rural"

Al abrir las páginas del libro de fiestas de San Bartolomé 2026 encontrareis el siguiente artículo referente a Maribel "La del Correo"

En el que por cuestión de espacio no se publicó todo lo que Reyes envió a imprenta. Así que, a continuación es posible leer el articulo en su totalidad que sin duda es solo una pincelada de la intensa e interesante vida de Maribel y que supuso un gran esfuerzo para Reyes resumir.

Hay nombres que al pronunciarse evocan de inmediato el paisaje y el paisanaje de un pueblo. Mª Isabel Costales Costales es una de ellas.

Nació en Deva y allí pasó su primera infancia.

Corría el año 1945, su madre, Tila, había heredado una propiedad en Quintueles y junto a su marido, Bernardo lograron levantar una casa propia con mucho esfuerzo.

Llegó el momento de dejar atrás la antigua casa en la que vivían de alquiler, una fecha grabada en su memoria: el 8 de septiembre, día de la fiesta de Peñafrancia en Deva.

Mientras el resto de vecinos celebraban, la familia de Maribel iniciaba la mudanza.

Con apenas 6 años recuerda perfectamente el viaje. Todos sus enseres, sus pocos tesoros y ella misma acomodados en un carro tirado por vacas, detrás amarrado iba el caballo y en algún lugar del carro cacareaban las gallinas.

Maribel nunca olvidó el sitio donde nació

Junto a sus padres y sus dos hermanos Esther y Corsino aquel viaje al paso de las vacas no era solo un cambio de casa, era el viaje hacia una nueva vida en Quintueles.

 Empezó a ir a la escuela, hizo nuevas amigas y fue descubriendo poco a poco el lugar que terminaría siendo suyo para siempre. Entre los recuerdos más queridos de aquella infancia está el día de su Primera Comunión. Vestía una túnica azul de raso adornada con cintas doradas y llevaba una cruz de madera que le había hecho René, un detalle que conservó siempre en su memoria.

A los catorce años obtuvo el Certificado de Estudios Primarios. Aquella era una época en la que muchas jóvenes pasaban directamente de la niñez a la vida adulta, sin apenas adolescencia. Al dejar la escuela comenzó a colaborar plenamente en las tareas de la casa y del campo, ayudando a su familia en todo lo necesario.

Fue también a esa edad cuando asumió una responsabilidad que marcaría gran parte de su vida y por la que acabaría siendo conocida por todos: el correo.

 Maribel comenzó a encargarse de numerosas tareas. La bolsa postal llegaba a través del ALSA al que esperaba en la carretera dos veces al día; a las 9,30 por la mañana y a las 17,20 por la tarde. Recogía giros, paquetes y cartas certificadas; rellenaba impresos y preparaba la correspondencia. También llevaba las pensiones a domicilio a las personas mayores, que solían agradecerle el servicio con alguna propina. Pesaba los paquetes y cartas que viajaban por avión para colocar los sellos correspondientes y gestionaba los giros relacionados con las bajas por enfermedad.

 En aquellos años empezaba a construirse la Universidad Laboral, una obra que transformó profundamente la zona y atrajo a numerosos emigrantes.

Maribel repartía el correo por la parroquia de Quintes, la Venta de la Esperanza y Granderroble. Por Quintueles lo hacía su tío. El reparto era siempre en bicicleta de zapatilles y madreñes, sin importar las condiciones meteorológicas. Pedaleaba bajo el sol del verano, bajo la lluvia del invierno y también durante las tormentas, a las que tenía verdadero pánico. Pero nunca faltaba a su obligación.

Los domingos el trabajo continuaba. Aprovechaba la misa para entregar cartas y avisos a muchos vecinos. El correo era entonces mucho más que un servicio: era el vínculo con los familiares lejanos, las noticias esperadas y, en ocasiones, las únicas palabras que llegaban desde otros lugares.

Después de misa, la juventud de la parroquia se reunía en Casa Lozana, donde se organizaban bailes. Allí compartían risas, música y amistad. Su maestro de baile fue Ismael,” Mael, el de Rovigo”, a quien siempre consideró uno de sus mejores amigos, casi como un hermano.

Recordar su paso por Quintes es evocar una época de felicidad absoluta, un tiempo donde cada casa se sentía como el propio hogar. El cariño y la ayuda incondicional de los vecinos convertían el trabajo diario en una gran familia. Figuras inolvidables como Generosa, de casa Kiko; María, la de Ladio; o Seso, de casa Duardo, encarnaban esa solidaridad rural tan pura. En los días de invierno, cuando la lluvia arreciaba, sus puertas se abrían de par en par con un ofrecimiento generoso: “Deja aquí las cartas, nosotros nos encargamos de dárselas a  los de abajo”.

Con la incombustible energía de la juventud, Maribel repartía sus días entre las exigencias del trabajo diario y su pasión por la música cantando con sus amigas en el coro de Quintueles  dirigido en aquella época por el maestro Guridy ; a la vez que participaba en el grupo de teatro. Los ensayos eran por la noche, por el día no podían perder el tiempo en “esas cosas”.

Destaca su papel como la hija de Don Juan en la obra “La locura de don Juan”.

El estreno fue en la Venta de la Esperanza con un lleno total y un éxito que les llevo a interpretar la obra en Pion en Casa Pepito y en Argüeru.

Talento no le faltaba a Maribel que incluso recibió oferta de unirse a una compañía profesional de teatro.

El reparto de correo le sirvió de pretexto para acercarse al hombre que se convertiría en el gran amor de su vida: Evelio. Juntos compartieron 57 años de vida y formaron una hermosa familia. Su historia de amor comenzó cuando ella tenía 19 años, su primera cita fue en las fiestas de San Pedro en Villaverde. Hoy, aunque el fallecimiento de Evelio puso fin a su historia en común, su legado y su recuerdo permanecen imborrables.

 

La historia de Maribel, “la del correo” es una historia sencilla pero es también la historia de una época y de una generación irrepetible: la de esas niñas y niños que compartieron el año de nacimiento con el fin de una guerra civil y maduraron bajo el signo de la escasez y el deber familiar. Fueron, sin embargo, un ejemplo de adaptabilidad demostrando que quien tiene el corazón pleno ignora la escasez del mundo.

 

                                                                     Reyes Ugalde Tuero

 





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